Ayotes coloricos.

Entre los suburbios de casas con chimeneas de pronto escondidos aparecen campos de ayotes, de girasoles y de verduras. En otoño me fui a vagar y me encontré con éstas flores que me refrescaron la nostalgia y entre los colores divisé chiltotos, ocres y anaranjados. Mientras tomaba las fotografías  soplaba el vendaval austral pero yo lo sentí tan ralo como  la seca brisa de verano, intenté respirar profundo y disolver el nudo de sal anclado en mi garganta. Era mi emoción la  que no me dejaba llenar mis pulmones de aire.  Y lo encontré, el ayote verde y sazón de mis tardes aldeanas que inmediatamente corté para cenármelo  con leche. 

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August en amarillo.

Hay grandes diferencias entre el agosto de mis nostalgias y el August de mi presente. Allá llueve a cántaros es tiempo de la cosecha del jocote de corona, jocote de agosto, tronador y de Santo Domingo. Es el tiempo en que los montes se llenan del amarillo de la flor del chipilín, crece el quilete el bledo y la verdolaga, se corta el escobillo para las escobas artesanales. Aquí agosto es sinónimo de verano de días calurosos y húmedos y también es el mes en que los girasoles engalanan los jardines arriates y campos. Ambos tienen su belleza.

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Casa Guatemala.

De las ocasiones en que he asistido a Casa Guatemala, me traigo pa´mi nido rentado la ropa impregnada con olor a café tostado, molido y guardado en costal de manta por allá del occidente guatemalteco. Por si fuera poco y no suficiente con la pena, también el colorido de la tierra  que hoy lejana está y a la vez tan cerca, cerquita, cerquitita, cerquititita de mi corazón. Dejo con ustedes ésta primera bitácora con imágenes tomadas por mi lente andariego pata de chucho al igual que la dueña -de chonito-.

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