Nuestro maple

Nuestro maple

 

Amputaron sus ramas pobladas

sus hojas azuladas agonizaban

una a una las mulitaron

y desaparecieron los nidos

de las aves que no trinarán en primavera

junto a mi ventana desolada.

 

Corrí en vano a salvarlo

ya lo habían destrozado

su estruendosa caída presencié

ellos reían a carcajadas

y él se extinguía de pie

abracé su ramal quebrado

y su linaje de maple morado

convertido en astillas.

 

Se fugaron las musas

que en las madrugadas

le recitaban versos al viento

las mismas que en los ocasos desnudos

esbozaron quimeras abrazando el crepúsculo.

 

Ya no podré deshilarte versos

ni inventarte relatos utópicos

tampoco dibujarle sonrisas a las estrellas

mucho menos acercar la luna a tu pedestal.

 

No tendré refugio para evocarte

porque él ya no me obsequiará su sombra de verano

por donde corría la brisa fresca

con el aroma de tu piel.

 

Lo inmolieron

dijeron que por su edad

después, que por sus hojas en otoño

no soportaron la belleza

de sus alfombras color ocre.

 

Hay licencia para matar

para arrancar de raíz lo bello

dejando la tierra devastada

y a las poetas sin abrigo.

 

Soy una inservible astilla

que el viento soplará

hacia un desolado abandono

de enajenación y delirio

donde un día exististe

en cada hoja de aquel nuestro maple.

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