Periodista indispensable.

Busco su columna siempre en las madrugadas, con hambre del saber, cuando comienza a despuntar el alba que es mi horario favorito para leer. Acompaña mi taza de café y junto a sus letras veo amanecer el nuevo día. Ha acompañado este auto exilio en el que vivo, la descubrí siendo migrante.

Con la lucidez de sus textos entibia mis mañanas de invierno, veo llegar la primavera, cómo despiertan en alegría los días de verano y cómo en el letargo del otoño se desperezan para encarar la rutina del vaivén indocumentado.

Es de las intelectuales que no se ufanan, que no rebuscan las palabras para alardear de doctas, su misión es directa: un mensaje claro, que además de ser leído por la capa erudita de la sociedad también llega y en forma contundente hasta la alcantarilla, y es desde aquí donde yo la leo, en las sombras más oscuras de la discriminación de clase, color y origen. Sus textos no discriminan, deberían por ser ella de una clase social de las cual los ilustrados hacen jactancia.

¿Por qué me cautivaron sus columnas? Por ser sencillas, quien lee a nía Carolina Vásquez Araya sabe que en cada letra está su alma desnuda, su inocencia de niña y su genio de mujer culta. Comprometida con su voz para denunciar todo lo que el acomodado prefiere callar, ella no descansa así se le venga el mundo encima hace frente y respalda cada una de sus palabras. No es columnista de porcelana, aunque parece, su apariencia física engaña tiene ese porte de esa elegancia de las mujeres bien. Físicamente es muy hermosa pero su belleza le viene del alma y emana en su forma física, por eso deslumbra. Me he preguntado cuando la leo, ¿por qué insiste en denunciar, en decir las cosas claras, en ir directo a la llaga? ¿Acaso no sería más conveniente ser columnista ficticia y acomodar las letras para quedar bien con el chucho y con el coche? ¿Acaso no sería menos arriesgado unas finas pinceladas por aquí y otras por allá para darle cuerpo al texto? ¿Por qué ir a la médula, tomar la yugular del lector y no dejarlo respirar? ¿Verlo de frente y cuestionarlo? Porque eso hacen sus textos, obligan a que uno se cuestione.

Sus textos me dejan en profundos análisis, son didácticos, políticos y humanos, además por si fuera poco entre la amargura de la realidad siempre me deja con esa sensación de esperanza. Toda una cátedra cada uno de ellos. Me dejan con cuestionamientos durante semanas, me invitan a investigar, a seguir buscando, a informarme, a despertar, a pensar en que yo también desde esta marginación puedo hacer algo para aportar a ese cambio que pedimos a gritos los segregados.

Me dicen que es obligación de todos involucrarnos y no ver pasar la vida desde la ventana. Sus columnas tienen en sello característico de quien con bizarría demanda conciencia social, dignidad, arrojo.
Sus textos me sitúan en un salón de universidad, en una ladera de cualquier aldea, en un motín, ella tiene la magia de transportar al lector en el tiempo y escena, el realismo mágico en una columna de opinión que también por cruda puede ser amarga y por quimérica dulce. ¿Quién logra esto en un texto de opinión? Muy pocos. Hay que ser humano y sencillo.

Yo no puedo hablar de mi faceta de escritora ni de columnista sin citarla, porque fue ella la que con sus textos despertó en mí esta vena, esta necesidad inagotable de decir desde mi corazón lo que siento, para expresar mi pensar de obrera, de campesina, de indocumentada. De negra, de arrabalera, de marginada. Para sacar ese veneno que había en mí. Sus textos bajaron a la alcantarilla y desde la alcantarilla yo le agradezco esa llaneza suya para ir a donde nadie quiere ir, para ser luz de candil en los lugares donde la oscurana impera. A esos lugares olvidados de los que muchos se aprovechan pero pocos valoran y respetan. Cualquiera puede ser columnista pero no cualquiera puede desnudar el corazón de un lector y lo hace pararse frente a un espejo indagando el relejo, sea cual sea, eso es lo que sus textos han hecho conmigo.

No puedo decir que esto ha sido autodidacta, mentiría, la vida ha puesto en mi camino a una excelente maestra que para mi felicidad también es chilena como mi gran amor la Violeta Parra. Y no lo sabe, no tiene idea de lo mucho que hacen sus textos en mí, en mi vena de escritora y columnista. Por eso escribo este texto hoy para que lo sepa, para que estas palabras vuelven en los últimos vientos del verano y lleguen hasta su ventana, esa ventana desde donde sus letras salen al mundo a embelesar corazones heridos.

Lo escribo para que sepa que a miles de kilómetros de esa ventana la lee una inmigrante, una arrabalera que muy probablemente nunca cruzará palabra con ella, que nunca escuchará su voz, que jamás podrá darle un abrazo y agradecerle lo mucho que ha hecho en su vida. Para decirle que la ha transformado. La ha invitado a creer en que la vida aún con sus vacíos insondables es digna de honrarse. Que se honra cuando frente a la injusticia uno se coloca del lado del oprimido y no del opresor y denuncia y cuestiona y actúa: actúa para hacer de este mundo uno mejor.

No acostumbro a escribir este tipo de homenajes, no es esa mi esencia, lo hago solo cuando me nace del corazón, cuando mi alma montuna me lo pide. Cuando mi esencia de niña caprichosa va por ahí saltando en las laderas y acaricia las nubes cuando bajan en los días nublados y se llena de melancolía. Porque no me quiero llevar estas palabras a la tumba, por pena de lanzarlas al viento. Porque sigo aprendiendo de sus textos que son para mí tomos y tomos de estudio ilimitado. Porque me nutren, me llenan, me abrazan. Porque dan alegría a mi corazón. Porque me hacen sentir acompañada en esta soledad silenciosa.

Vuelen estas letras de escritora y columnista de arrabal, desde esta alcantarilla y atraviesen fronteras y lleguen a la ventana de la excelentísima maestra de ojos claros y acento de Santiago, del Sur de mis amores, que la vida puso en mi camino. Bien sabía lo necesitada que estaba yo de una luz de candil.

Con esta querencia de agradecimiento infinito para Nía Carolina Vásquez Araya, mi luz de candil. Gracias por ser canto de chicharra y darle alegría a mi corazón.

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado
Septiembre de 2015.
Estados Unidos.
Fuente:Crónicas de una inquilina.

Desfile del Orgullo Gay, Chicago 2015.

Comparto el enlace de las fotografías que tomé en el Desfile del Orgullo Gay, Chicago. Junio 2015.

 

Post Frontera, el libro vuelto la parcela de mis amores.

“El migrante es un muerto que camina sin nombre y sin entierro.” -Sacerdote Pedro Pantoja.

 

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Me asomo por la ventana de mi habitación y observo la escarcha de la época del frío yaciente sobre la grama y las hojas de los arces que están al otro lado de la calle. Es otoño, el mismo que me recibió cuando emigré y me convertí en inquilina a cientos de miles de kilómetros de mi natal Comapa y de la periferia que me vio crecer, allende de mi Guatemala.

Me hechizó el gris plomizo de sus cielos bajos y la niebla espesa que sosiega el paso de las hojas secas que arrastra el viento hasta el confín. El limbo de sentirme extranjera y al principio sin nido y sin parcela donde sembrar mi desarraigo, para que se convierta con las lluvias de la primavera en enredaderas de frijol camagua y flores de las diez. Para que amarille en flores de chipilín y chacté. Para que rojee en tonalidad de tejas, adobe oreado, flores de pito y jocote de febrero.

Para que tenga el verde botella de las montañas que abrigaron mi infancia y el calor del rescoldo del polletón de la cocina de mi abuela. Para convertirlo en aldea y arada, entre barrancos y cáscaras de encino. Para que el olvido no pueda arrancar la lindeza de la tierra donde mis pies de niña saltaron charcos y mis brazos comenzaron la transmutación para convertirse en alas de golondrina migratoria.

De eso trata Post Frontera, de lo que se siente, se vive, se sueña, se olvida cuando se emigra. De la nostalgia, el presente indocumentado, de la enorme frustración, de sentirse fracasado, de tratar incansablemente de rescatar de la diáspora, la amargura y de la nieve del tiempo lo esencial de la memoria para que la lejanía no calcine la raíz, para que la realidad no duela tanto.

Post Frontera es la ensoñación del ayer y hoy en la vida de una emigrante indocumentada cualquiera. Es mi obra maestra escrita con la entraña, la honestidad, el desazón, el estigma de la oscuridad y la ilusión de la luz en la vida de una niña de periferia, una mujer extraviada entre la multitud del éxodo que como herida incurable viven millones alrededor del mundo.

No lo pensé, ni siquiera fue un libro planificado. Post Frontera se gestó como seguimiento a la primera serie publicada en mi bitácora Crónicas de una Inquilina y otros medios independientes que tuvieron el aplomo de difundir y brindarme el espacio de expresión, se llama: Travesía desierto Sonora-Arizona. Que también se convirtió en libro: Historia de una Indocumentada travesía en el desierto de Sonora-Arizona.

Finalizada esta serie sentí la necesidad de continuar escarbando en mi vena, mi caos y mi experiencia migrante y contarle al mundo lo que en mi desastre fue la Post Frontera, que dividí en dos partes: país de llegada y país de residencia. En el camino me encontré con que mi experiencia personal también es colectiva porque pocos han quedado exentos de la nostalgia, el desconcierto, la desilusión y el agobio de luchar todos los días en las sombras de la indocumentación, el racismo y la discriminación. Post Frontera es la serie que viajó prácticamente por los cinco continentes sin que yo pudiera hacer nada más que ver mis letras -que son mi sangre hirviente- tocar corazones de personas que nunca conoceré y que se sintieron identificadas e interpretadas por mi experiencia personal.

La escribí prácticamente a diario, a las cuatro de la mañana ya estaba sentada frente al computador escribiendo y antes de irme a trabajar publicaba un capítulo, hasta llegar al 47 que es el último. Tenía tres horas cada mañana para dedicárselas a la serie que se convirtió durante esos tres meses, en mi desayuno, almuerzo y cena, porque hasta se me olvidó comer mientras nacían a bortones las palabras que sin yo saberlo ser convertirían en un libro.

Qué sucede después de la frontera, cómo se secan las heridas que han quedado vivas, qué se hace con el estigma, la depresión, la desesperanza y el constante abrumador de sentirse a la deriva. Qué se hace con el rechazo hacia el país de llegada, por qué no retornar al propio, por qué las lágrimas no son suficientes, por qué los vicios y las adicciones que nacen en quienes emigran, por qué las remesas se convierten en el único canal de comunicación estable en quienes se quedaron y los que se fueron. Por qué las remesas reemplazan lo esencial. Porque al amor que lo es todo se le falta el respeto.

En qué momento se realiza el salto entre el país de llegada y el de residencia. Porque es una decisión que se toma, no es circunstancial, se decide enfrentar la realidad cueste lo que cueste. Eso sucedió conmigo y el abismo que decidí saltar fue el del idioma inglés, fue el final del país de llegada y se convirtió en el inicio del país de residencia. Decidí saltar la última frontera.

Es una publicación de autor, la realicé en Amazon.com, ¿por qué? Y aquí entra una realidad que no necesita de drama ni de victimización porque de por sí es implacable y es necesario hablar de esto como denuncia a lo que nos sucede a los migrantes indocumentados en cualquier proyecto que deseamos emprender, todas las puertas nos las cierran en las narices por nuestra condición de parias. ¿Cómo y por qué confiar en el manuscrito de una indocumentada? ¿Para qué publicar el manuscrito de una emigrada que ni educación superior tiene? No pertenece al medio, no es escritora, no tiene conocimientos en lengua y literatura. ¿Qué ganancia obtendría una editorial publicando a una limpiadora de casas y mil oficios en Estados Unidos? ¿Por qué una editorial guatemalteca habría de publicar a una de las que se fue? ¿A una proletaria? Más bien se ganarían un desprestigio, caer tan bajo como para publicar manuscritos de una limpia baños.

Aprendí a leer y a escribir y eso significa todo en mi vida. Y digo y repito que limpio baños porque eso es lo que me da de comer y con eso pago el alquiler del apartamento en donde vivo, y porque no se puede ni se debe denigrar a ninguna persona por el trabajo que realiza, limpiar baños es un trabajo digno como cualquier otro, y pongo el pecho por todas las niñas, adolescentes y mujeres que se ganan la vida limpiando baños.

Por eso lo recalco y por eso insisto en lo que soy, porque soy pueblo, soy migración indocumentada, soy el caos de la imposibilidad, y soy remesas, adicciones, y cuestionamientos y soy por supuesto la Post Frontera indocumentada.

En este libro yo retorno a mi infancia y escarbo en lo que duele y en lo que ya se curó, en los vacíos existenciales y en el vaivén de la migración. Digo que este libro es mi obra maestra porque ahí resumo mi vida entera con todos sus demonios y sus fantasmas y también en el país de residencia logro vencer mi victimización y me arranco la piel a tirones y me encuentro con la carne viva, y lamo la sangre como felina herida y veo en el reflejo del espejo lo que verdaderamente soy y lo acepto con entereza de quererme y respetarme caos. Vorágine y sosiego, en instantes serena y en otros trastorno. Es mi esencia y la hago soberana. Libre de mí y de las ataduras emocionales.

Eso es la Post Frontera en mi carne, en mi vena, en mi desarraigo y en mi decisión de disfrutar con la pasión que soy, la intensidad de cada momento sea de luz o de oscuridad.

Post Frontera es mi aporte a la colectividad de la migración indocumentada, es mi voz en el silencio de millones, es el murmuro entre el bullicio del desencanto y es mi logro entre el estigma de ser paria, invisible y discriminada. Es la parcela de mis amores, donde en el país de residencia, anidan mis raíces campesinas y florecen las buganvilias, los claveles rojos y el fulgor de una luciérnaga atemporal hace florecer los gladiolos en invierno. El libro está disponible en versión papel y electrónica, en Amazon.com,Barnes & Noble y en Creatspace.com

Soy Ilka Ibonette Oliva Corado, nací en Comapa, Jutiapa, Guatemala, crecí en Ciudad Peronia y soy Post Frontera. Una inmigrante indocumentada con maestría en discriminación y racismo.

Ilka Oliva Corado.

Octubre 19 de 2014.

Estados Unidos.

Mi libro: Historia de una indocumentada travesía en el desierto de Sonora-Arizona.

No es nada sencillo estar sentada frente a este ordenador y tratar de escribir de mi libro, le huí a este momento porque imaginé que así sería y no me equivoqué. Significa un reto porque nuevamente debo enfrentarme a mi memoria que guarda por seguro también inconscientemente recuerdos de experiencias que marcaron mi vida y que emergen cuando menos me lo espero y se paran frente a mí retándome, me encuentran desarmada y sin el deseo de combatir, porque ya no quiero cuestionar, ni explicar, tampoco aferrarme como náufraga a los pretextos.

Hace muchos años cuando era niña vendía helados en un mercado y fui completamente invisible y marginada, rechazada y agredida, eso marcó mi vida negativamente y me mantuvo a la defensiva todo el tiempo y en todos lados, no me di cuenta hasta cuando el blog comenzó a crecer y el número de lectores se repartía en distintos países, me incomodó en sobremanera la luz y recibir comentarios de felicitación por mis escritos, no me gusta y rechazo los reconocimientos es algo habitual en mí, algo que muy pocas personas comprenden, tal vez solo aquellas que cuando vendí helados me llamaron por mi nombre y no como heladera como lo hacía la mayoría, le huyo a los aplausos y a exponerme en el escaparate para ser fotografiada para brindar en eventos sociales a la salud de los privilegiados -y de los oportunistas-, le huyo a las celebridades, a la gente famosa, y cuando es inevitable procuro que el contacto sea en la mayor oscuridad posible porque no deseo que se me acuse de querer colgarme de la fama de otros, y no es porque me importe el qué dirán porque lo que la gente diga me ha tenido sin cuidado toda la vida, pero es algo que no puedo evitar, algo muy marcado en mi comportamiento y en mi forma de pensar, algo que tiene que ver indiscutiblemente con mi invisibilidad de vendedora ambulante.

Mi escuela fue el mercado y mi hielera. Ellos son mi norte y mi sur, ellos me enseñaron a bregar desde la exclusión y me demostraron que el camino de las imposibilidades siempre es cuesta arriba y que a los ilusos de alcantarilla las quimeras nos cuestan el eterno rechazo.
Procuro no hacer nada que deshonre a la niña heladera, defraudar al mundo me importa un pepino pero fallarle a la niña heladera es cuestión de vida o muerte.

Entonces cuando recibía mensajes de lectores que leían mi blog o mis escritos en otros medios independientes algo sucedía con mi humor que se agriaba, no sabía lidiar con la luz y me ha costado tanto saber que hay una parte de mí que es visible y son mis letras, lo más puro de mi ser, lo más leal, las únicas que logran desnudarme y ponerme frente al espejo para verme: humana, cicatrizada, impura, transparente, e imperfecta. Tal vez por eso me incomodó porque las letras me exponen ante los demás sin piedad alguna de mi pudor y sin máscara que sea benevolente con mis defectos y miedos.

Lo he ido superando poco a poco, escribir es un ejercicio que me ayuda mucho, es mi terapia. He logrado comprender que también con la luz crece la responsabilidad y que la firmeza se acoraza, porque aunque escriba en una esquina de mi habitación donde acomodé mi escritorio y lo hice un nido donde descansan mis alas, cuando mis letras buscan acomodo en mi bitácora se exponen al mundo y ya no tengo control de ellas, porque son mis alas surcando los horizontes, entonces las dejo ser, las admiro libres.

Llegar a este momento de tener un libro en las manos ha sido un camino tortuoso de diez años en los que pasé de la depresión profunda a la tranquilidad, de la tormenta a la calma, este libro llegó en el tiempo en que tenía que llegar no en el mío, sino en el propio, se escribió solo, no lo pensé, no lo planifiqué, salió a borbotones haciendo que explotaran mi venas que durante largos inviernos el letargo del confinamiento las afrontó retraídas, absortas, débiles y fracasadas.

Curar las heridas del alma muchas veces pareciera un imposible, una lucha que se posterga una y otra vez porque no es confortable y requiere de mucho coraje y perder la vergüenza a ver la propia piel supurante y vuelta harapos. Levantarse desde la propia escoria y armarse de entereza para lidiar con los demonios inherentes de una travesía indocumentada.

Es más cómodo y común excitarse y estimular las zonas erógenas hasta llegar a colmarse de placer en soledad frente a un espejo, sin ningún tipo de recato para ver el cuerpo encendido en llamas, o desnudarse frente a otro y juntos lograr orgasmos desinhibidos, que afrontar en soledad y en total despojo de prejuicios, etiquetas y complejos las heridas del alma que son capaces de sacar a flote nuestros más grandes temores que se tornan témpanos y que nos mantienen en la frialdad de la incomunicación.

Historia de una indocumentada travesía en el desierto de Sonora-Arizona, es la compilación de los once capítulos que conformaron la serie Travesía en el desierto Sonora-Arizona y que sorprendentemente para mí se publicó en varios países del mundo, y también tuvo una traducción al portugués, nunca imaginé que alcanzaría tantos niveles de audiencia y me permitiera el privilegio de llegar a los corazones, conciencia, temores y experiencias de otras personas que también como yo son indocumentadas o personas que nunca han salido de sus países de origen y que por medio de esa serie lograron conocer un poco de lo que es la experiencia de la migración indocumentada.

Relata mi experiencia cruzando territorio mexicano y los desiertos de Sonora y Arizona en la frontera entre México y Estados Unidos, vivencia de miles, amargura que la mayoría intenta olvidar, experiencia que consume, que doblega, que silencia, que mulita. En ese libro relato el infierno de huir de la Patrulla Fronteriza y el de tres días cruzando el desierto.
No lo hubiera podido escribir antes, esos diez años fueron secando mis heridas lentamente y cuando me senté a escribirlo fue porque mi alma estaba en completa paz, lo había superado y podía relatar de manera objetiva lo acontecido, nunca se logra olvidar lo vivido, y lo traumático mucho menos, yo no he olvidado ni un solo minuto de aquella experiencia pero ya no me calcina. Entonces emergieron las palabras sin emociones confusas de por medio, sin ansiedades, sin miedos, sin turbaciones, y se escribieron solas libres y consecuentes. Soy inevitablemente la protagonista principal de esa vivencia pero no voy sola, me acompañan otras personas, otros miles de seres humanos que como yo se enfrentan a la desgracia de la frontera.

Lo escribí para denunciar desde mi propia vena lo que muchos ven maquillado en televisión, leen sesgado en periódicos y en estudios maquiavélicos desde la comodidad de un título universitario y un trabajo de campo con todo pagado. Lo mío es pueblo, sin inmunidad alguna, lo mío es sangre, miedo, sudor, pesadillas. Lo mío es la mirada cruda de una realidad que se refleja en mi rostro, en mi cabello cano, en los tantos años en que tartamudeé porque me era imposible expresar debido al nivel de ansiedad. Lo mío son los largos años de noches sin dormir debido a las pesadillas. Lo mío fue odiarme, desvalorizarme, sentirme escoria después de la frontera. Y aquí estoy con mi cabeza en alto con mis cicatrices expuestas, siendo mi voz, la voz de mis demonios y de mis logros emocionales.

Creo que está de más explicar que no fue publicado en ninguna editorial de abolengo porque soy indocumentada, que aunque toqué puertas en mi propio país y en Estados Unidos ni una sola se abrió, en mi país probablemente por ser emigrada, de las que se van y solo interesan las remesas, ¿qué puede aportar a la literatura una emigrada que trabaja en mil oficios? ¿Qué de ganancia puede dar a una editorial una limpiadora de casas, sin contactos importantes que hablen por ella? Me niego rotundamente a entrar al juego de los contactos y de los favores, lo mío es tocar puertas con mi propia mano, si se abren bueno, sino continúo, tengo suficiente experiencia en ese tipo de ejercicio, nunca he olvidado que soy una invisible y que todo me ha costado el triple por mi condición de arrabalera, orgullo que con dignidad cargo en el pecho.
En Estados Unidos toqué también infinidad de puertas de editoriales y la respuesta fue la misma, por indocumentada no existo. No existo en mi país por emigrada y en el país de residencia tampoco por indocumentada. Nunca he existido realmente si echo a andar la máquina de los recuerdos y enumero una a una las veces que he sido marginada en mi vida, y un cero a la izquierda como lo son millones alrededor del mundo, y tal vez eso es lo que le ha dado la proyección a mis letras en otros países, porque fuera de mi encierro también hay millones en la marginación y enfrentando demonios propios e impuestos. Y no es victimizarme, esta exposición es real y la vemos en todos lados no me ha sucedido solo a mí y no pretendo hacerla mi bandera, solo relato desde la experiencia propia.

El libro se publicó en formato electrónico en Grecia, país que tal vez nunca llegaré a conocer en mi vida, en aquella parte del mundo probablemente otras personas se estén enterando debido a mi testimonio de lo que acontece en la frontera entre México y Estados Unidos. No he recibido un centavo de esa publicación porque la editorial ofrece lectura gratuita en internet, lo hace para cuestionar al lector si teniendo la lectura gratuita se atrevería a pagar por el texto, no me voy a dar tres golpes de pecho, nuestra naturaleza humana preferiría leer de gratis y utilizar ese dinero que pagaría por el texto para comerse un helado en un parque o comprarse dos cervezas por ahí, un nivel mayor de conciencia existe en quienes teniendo las dos opciones deciden aportar económicamente para que el autor siga motivándose a continuar con su escritura. Soy humana y por supuesto me encantaría recibir una motivación económica por mis letras, a quién no. Pero mi blog es gratuito, no restrinjo la entrada a nadie, mis textos los puede copiar quien guste, solo exijo que se tome en cuenta la fuente de información y el nombre de la autora. Yo vivo de mi trabajo de mil oficios. Si allá lo están leyendo gratuitamente y deciden no aportar económicamente es lo demos, lo importante aquí es que se están enterando de lo que sucede en la frontera y ese era mi objetivo principal, la denuncia.

Fue emocionante ver mi libro publicado en otro continente y en un país tan lejano, era en formato electrónico, ¿qué se sentiría tenerlos impreso en mis manos? Nuevamente mi Nube Pasajera que me atiza cuando menos lo espero, me cuestionó de por qué no lo publicaba en papel. Me quedé pensando en eso durante unos días y decidí no darme por vencida y comprendí sin agriarme que por ser invisible y por preferir los afectos que los contactos era normal que mis letras no fueran tomadas en cuenta para una publicación en editorial, tan fácil que fuera hacer una llamada o escribir un correo electrónico pidiéndole a más de uno que por favor hablen por mí, esa comodidad de no hacer uno las cosas por sí mismo, pero yo no podría, jamás.

Entendí que lo mío ha sido y siempre será desde la invisibilidad, está ahí mi trinchera, entonces hice la publicación de autor y fue vía Amazon.
Amazon ofrece la herramienta de publicar electrónicamente y en papel, opté por la opción en papel porque para el formato electrónico que es lo más popular en Estados Unidos, en este momento es difícil, son muchos requisitos que por indocumentada no puedo llenar, pero también me interesa más la opción en papel. Fue así que decidí publicar en Amazon que imprime la cantidad de copias que el cliente vaya comprando. Es un libro rústico comparado con la elegancia de una editorial que se dedica a eso exclusivamente, pero para nada desestimo su calidad y más importante aun el contenido. No podrá ser llamativo a una primera vista, pero en esencia está la sangre, el sufrimiento, el amor a la vida y el enorme logro de la superación emocional a pesar de los pesares.

No es secreto que mi vida ha sido cuesta arriba y que me he caído en infinidad de ocasiones y que en tantas quedé emboscada y a punto de renunciar, nunca imaginé que las letras serían mi expresión más fiel y con las que yo lograría ser, tener mi primer libro en mis manos es un sentimiento que no logro expresar ni con mi voz ni con mis letras, hay instantes en que solo las lágrimas logran acomodarnos las alegrías y las tristezas en el corazón. Lloré mucho cuando tuve el primer ejemplar en mis manos y en ese instante vi hacia atrás y el largo y cansado camino recorrido, no me arrepiento de nada, viví lo que tenía que vivir para ser quien soy.

Yo no le diré a usted que me compre el libro, no lo voy a ajenar como un día ofrecí helados, persiguiendo a los comensales en el mercado, eso me enronqueció la voz varios años gritando por los corredores, en la estación de buses, en la aldea, con mi hilera al hombro o en la cintura, ¿qué va a llevar, qué va a querer? ¡helados, helados, helados! Hay de manía, de piña, de nance, de crema con leche, de coco con leche, de manía con leche, de mora y de zapote, ¿qué va a llevar, qué va a querer?
No, yo no he escrito esto para pedirle que lo compre. Lo he escrito porque puede ser mi experiencia personal pero también es la de miles y mi obligación y responsabilidad es agradecer la luz que me han dado las letras y aprovechar ese espacio para denunciar, por eso escribo esto, porque ese libro es una denuncia social, que no todos entenderán y de la cual no muchos querrán enterarse, pero estuvo, está y estará porque la migración indocumentada es cosas de cada minuto, las veinticuatro horas del día, todos los días del año.
Escribo porque reafirmo que estoy en pie de lucha y que sigo resistiendo y que creo en un mundo mejor.

No escribo esto para recibir mensajes de felicitación por mi libro, por ese gran logro, por que me atreví, o porque ya era hora que escribiera un libro. Son lindas las felicitaciones y lo hacen sentir a uno bien, se agradecen por supuesto.

Está ahí el texto y quien guste adquirirlo sepa que es un libro de denuncia social, que está escrito con mi sangre, y con cada poro de mi ser indocumentado, que no habla de maripositas en el aire ni de los pétalos de las margaritas.
Con este escrito he logrado vencer una frustración que no sabía que existía, y entendí por qué me negaba a escribir de mi libro, tenía miedo de regresar a mi infancia y que en lugar de una hielera de helados tuviera un libro en las manos que ofreciera a cuanta persona pasara por el corredor del mercado, por este blog de hoy en día, así pensé que me vería escribiendo de mi libro, que era como ofrecerlo como pan recién salido del horno, como la fruta en un puesto ambulante, como recibir las miradas de menosprecio con las que tantos años atrás me fulminaron tantas personas que vieron insignificante a una niña que vendía helados.

Y sentí vergüenza de pronto porque no quería verme nuevamente necesitada, con hambre, con tantas preocupaciones de adulto que me ensombrecieron la vida a tan corta edad. Ese libro de cien hojas ha desenmascarado un caos interno, tan profundo que no sabía que existía.
Nunca me he avergonzado de vender helados en un mercado y de nada de lo que yo soy, pero en mi infancia y adolescencia me llenó de frustración la indiferencia de los otros, y verme obligada a siempre gritar y poner rostro alegre –como los payasos- para ofrecer mis helados, aunque por dentro me estuviera muriendo, la necesidad tiene cara de chucho, dicen, y lo tengo comprobado. Gritar y poner rostro alegre me ayudó a sobrevivir a aquellos años en los que más que vender los helados necesité abrazos y guía. Esa sonrisa mía que tanto atrae a personas porque dicen que soy un ser de luz, para mí significa la resistencia, mí propia resistencia invencible porque hasta en los momentos más agrios de mi vida me he atrevido a sonreír, porque aun con hambre, con frío, doblegada y vuelta escoria, he seguido creyendo que este mundo se puede cambiar y que yo puedo aportar algo para que eso suceda.

Este libro es el sinónimo de mi hielera de helados, no lo ofreceré, no perseguiré a las personas para que lo compren, no pediré que me hagan el favor, que apoyen a la autora, que aporten, ni lo describiré como el mejor texto que puedan adquirir.

Está ahí simplemente y si a ustedes les nace adquirirlo háganlo, no por mí sino por los miles de invisibles a quienes yo estoy dando voz con esa denuncia. Si no desea adquirirlo no lo haga, nadie está manipulando, pidiendo, suplicando que invierta su dinero en ese texto.

No he hecho ninguna presentación en público porque no estoy dispuesta a recibir reconocimientos a cambio de mis letras, -abundan las invitaciones de seres de ultratumba- y mucho menos a que oportunistas se cuelguen de ellas, que no lo he hecho yo que soy la creadora contimás dejaré que otros las manoseen. Eso jamás. Si llega la oportunidad de hacerlo será porque en espacio y tiempo, porque en conciencia y entereza todo ha encajado. No dejaré que oportunistas aprovechen la denuncia de una invisible para mancillar a los millones que aun no han encontrado su voz. Disculpas que siga siendo tan recia y clara pero es que no puedo ser de otra manera.

El libro está disponible en todas las plataformas de Amazon.com y en los continentes donde ésta se publica. También está en creatspace.com y en barnesandnoble.com

Tengo mi primer libro, no podía dejar de compartir mi alegría con ustedes, tenía que hacerlo a mi manera, silvestre y arrabalera. Por cierto, sucedió en agosto, en el mes de los torrenciales, del jocote de corona y de la flor de chipilín en mi natal Comapa. Tiempo de los gladiolos en la aldea donde de niña se embelesaron mis ojos con las majestuosas montañas verde botella. Tiempo de los lodazales en el bulevar donde tantos años caminé con mi hielera de helados en mi amada Ciudad Peronia. Tiempo de los girasoles, del canto de grillos y chicharras y de luz de luciérnagas en el país donde hoy soy una inquilina.

Posdata: en vísperas está mi segundo libro Post Frontera. –Agarré aviada-.

Ilka Oliva Corado.
Agosto 31 de 2014.
Estados Unidos.

Mi primer libro. Historia de una indocumentada travesía en el desierto de Sonora-Arizona.

Disponible en amazon.com http://www.amazon.com/Historia-indocumentada-traves%C3%ADa-desierto-Sonora-Arizona/dp/1500752606/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1408887359&sr=8-1&keywords=historia+de+una+indocumentada

En Creatspace.com https://www.createspace.com/4938252

Y en la librería  Barnes & Noble. http://www.barnesandnoble.com/w/historia-de-una-indocumentada-travesia-en-el-desierto-de-sonora-arizona-ilka-oliva-corado/1120163393?ean=9781500752606

Aquí el video donde hago la presentación para la Librería de Mujeres en Tenerife, España.

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Ciudad Peronia.

Te quedaste vos en eterno rojo atardecer
Detenida en el tiempo, trepada en la tapia
Esperándome, al otro lado de la frontera
En los traviesos años de mi infancia

Con tu bulevar empinado viendo hacia la aldea
Bajo la sombra del pinito y del pinón
Con tu estación de buses, tugurio de nía Julia
Con el mercado en mi corazón
Con los recuerdos y tanto amor

Me fui alejando, vacía.
Y postergando el reencuentro
En los confines me volví imperceptible
He anhelado tus madrugadas y he andado en otros bulevares
Ajenos a tus huellas en mis pies
He conocido las soledades del destierro
Y en tu ausencia he bregado las jornadas desiertas, entre las sombras

Los años me han alcanzado en esta diáspora
De pronto hoy soy mujer
Huérfana de tus tardes y de tu vaho
Y aunque la urbe es de cristal cortado
Ningún tapial hace honor a tu arcilla
A tus noches y a las melodías de los grillos en la arada

Aquí no hay ninguna aldea con estanques
Y los ocasos se los traga la hora laboral
No llueve sobre techos de lámina y el agua no se cuela entre las lepas
Extintos los lazos con ropa tendida y las ollas no se lavan con arenilla
Hay tanta melancolía en las miradas
Que hace falta un juego de arrabal
Para alegrar las tristes almas que se secan al migrar

Ya no soy aquella cría saltando en tus calles
Corriendo en el caminón hacia el colegio
Escribiendo sobre el tapial las letras que no recuerdo
El tiempo me confronta y fugaz vuelvo a tu refugio
Para sentirme protegida en el tomatal de la María
En la escoba de escobillo y en el agua del guacal

Allá el campo para la jugada
La escuela y la quebrada de covachas en graderío
Y me quedé niña en tus brazos
Jugando en los charcos del río

Verdes tus montañas
Sonrientes tus cipotes
Con el hambre en las entrañas
Y los cincos en dos botes

Las cipotas legendarias
Arrechas ante la adversidad
Mientras trabajan en maquilas
La vida las ha hecho mamás

Te quedaste vos perenne en un ocaso
De rojo incendiando mi añoranza
De la niña que se fue sin despedirse
Y la llora la mujer que ahora inhábil sus zapatos calza.

Ilka Oliva Corado.
Enero 15 de 2014.
Estados Unidos.

Biblioteca Comunitaria Flor de Chipilín.

Mi corazòn està feliz, mi alma està agradecida con Red de Bibliotecas Comunitarias, con   Violeta Cetino, Roberto Orellana y Marilena Najarro, por poner el alma y corazòn en la infancia, en la adolescencia guatemalteca, en  optar por ser generadores de cambio. Estoy lejos y no puedo viajar, me toca de toroleca grabarme videos caseros para agradecer.   Oficialmente ya existe la Biblioteca Comunitaria Flor de Chipilìn, en la aldea El Pino en Comapa, Jutiapa. Mi tierra natal. Besos mi amores.

http://www.youtube.com/watch?v=QruITMHYt-w&feature=youtu.be