Jardín botánico, Chicago 2016

Mis amores, me fui a dar una vuelta al jardín botánico de Chicago, tomé algunas fotografías, se las comparto.

Pueden verlas en mi blog de fotografías, aquí.

Besos,

Ilka.

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El vuelo de la libertad

Comparto fotógrafas de los pajaritos que visitaron mi parcela rentada esta primavera.

Pueden verlas aquí.

Ilka.

Boystown, Chicago 2016

La única bandera que tengo en la esquina de mi escritorio es la del arcoíris y es meramente por la fascinación por los colores encendidos. Pero políticamente también la única bandera que he tomado como propia es la de la diversidad porque para mí encierra todas las luchas. Podemos hablar de cualquier cosa pero si esto no va de la mano de la diversidad no tiene consistencia. La diversidad es la médula.

Tomar esa bandera ha alejado a prácticamente a todos los que yo creía mis afectos, no solo eso también he recibido infinidad de insultos, con gestos y verbales. Casi nada comparado con las atrocidades que viven otras personas que deciden vivir y amar en libertad, pero son insultos al fin y deben ser rechazados y cuestionados porque así comienza el hilar de violencia que termina en crímenes de odio.

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Mi parcela rentada 1

Mis amores, he tenido este blog abandonado, disculpas. He estado más activa en mi otro blog Crónicas de una Inquilina, donde también me pueden encontrar.

Hoy les comparto la belleza de mi parcela rentada que comienza con sus primeros brotes que llenan de alegría mi vida.

Pueden ver las fotografías aquí, en mi blog de fotografía: En mi lente choteador. 

Periodista indispensable.

Busco su columna siempre en las madrugadas, con hambre del saber, cuando comienza a despuntar el alba que es mi horario favorito para leer. Acompaña mi taza de café y junto a sus letras veo amanecer el nuevo día. Ha acompañado este auto exilio en el que vivo, la descubrí siendo migrante.

Con la lucidez de sus textos entibia mis mañanas de invierno, veo llegar la primavera, cómo despiertan en alegría los días de verano y cómo en el letargo del otoño se desperezan para encarar la rutina del vaivén indocumentado.

Es de las intelectuales que no se ufanan, que no rebuscan las palabras para alardear de doctas, su misión es directa: un mensaje claro, que además de ser leído por la capa erudita de la sociedad también llega y en forma contundente hasta la alcantarilla, y es desde aquí donde yo la leo, en las sombras más oscuras de la discriminación de clase, color y origen. Sus textos no discriminan, deberían por ser ella de una clase social de las cual los ilustrados hacen jactancia.

¿Por qué me cautivaron sus columnas? Por ser sencillas, quien lee a nía Carolina Vásquez Araya sabe que en cada letra está su alma desnuda, su inocencia de niña y su genio de mujer culta. Comprometida con su voz para denunciar todo lo que el acomodado prefiere callar, ella no descansa así se le venga el mundo encima hace frente y respalda cada una de sus palabras. No es columnista de porcelana, aunque parece, su apariencia física engaña tiene ese porte de esa elegancia de las mujeres bien. Físicamente es muy hermosa pero su belleza le viene del alma y emana en su forma física, por eso deslumbra. Me he preguntado cuando la leo, ¿por qué insiste en denunciar, en decir las cosas claras, en ir directo a la llaga? ¿Acaso no sería más conveniente ser columnista ficticia y acomodar las letras para quedar bien con el chucho y con el coche? ¿Acaso no sería menos arriesgado unas finas pinceladas por aquí y otras por allá para darle cuerpo al texto? ¿Por qué ir a la médula, tomar la yugular del lector y no dejarlo respirar? ¿Verlo de frente y cuestionarlo? Porque eso hacen sus textos, obligan a que uno se cuestione.

Sus textos me dejan en profundos análisis, son didácticos, políticos y humanos, además por si fuera poco entre la amargura de la realidad siempre me deja con esa sensación de esperanza. Toda una cátedra cada uno de ellos. Me dejan con cuestionamientos durante semanas, me invitan a investigar, a seguir buscando, a informarme, a despertar, a pensar en que yo también desde esta marginación puedo hacer algo para aportar a ese cambio que pedimos a gritos los segregados.

Me dicen que es obligación de todos involucrarnos y no ver pasar la vida desde la ventana. Sus columnas tienen en sello característico de quien con bizarría demanda conciencia social, dignidad, arrojo.
Sus textos me sitúan en un salón de universidad, en una ladera de cualquier aldea, en un motín, ella tiene la magia de transportar al lector en el tiempo y escena, el realismo mágico en una columna de opinión que también por cruda puede ser amarga y por quimérica dulce. ¿Quién logra esto en un texto de opinión? Muy pocos. Hay que ser humano y sencillo.

Yo no puedo hablar de mi faceta de escritora ni de columnista sin citarla, porque fue ella la que con sus textos despertó en mí esta vena, esta necesidad inagotable de decir desde mi corazón lo que siento, para expresar mi pensar de obrera, de campesina, de indocumentada. De negra, de arrabalera, de marginada. Para sacar ese veneno que había en mí. Sus textos bajaron a la alcantarilla y desde la alcantarilla yo le agradezco esa llaneza suya para ir a donde nadie quiere ir, para ser luz de candil en los lugares donde la oscurana impera. A esos lugares olvidados de los que muchos se aprovechan pero pocos valoran y respetan. Cualquiera puede ser columnista pero no cualquiera puede desnudar el corazón de un lector y lo hace pararse frente a un espejo indagando el relejo, sea cual sea, eso es lo que sus textos han hecho conmigo.

No puedo decir que esto ha sido autodidacta, mentiría, la vida ha puesto en mi camino a una excelente maestra que para mi felicidad también es chilena como mi gran amor la Violeta Parra. Y no lo sabe, no tiene idea de lo mucho que hacen sus textos en mí, en mi vena de escritora y columnista. Por eso escribo este texto hoy para que lo sepa, para que estas palabras vuelven en los últimos vientos del verano y lleguen hasta su ventana, esa ventana desde donde sus letras salen al mundo a embelesar corazones heridos.

Lo escribo para que sepa que a miles de kilómetros de esa ventana la lee una inmigrante, una arrabalera que muy probablemente nunca cruzará palabra con ella, que nunca escuchará su voz, que jamás podrá darle un abrazo y agradecerle lo mucho que ha hecho en su vida. Para decirle que la ha transformado. La ha invitado a creer en que la vida aún con sus vacíos insondables es digna de honrarse. Que se honra cuando frente a la injusticia uno se coloca del lado del oprimido y no del opresor y denuncia y cuestiona y actúa: actúa para hacer de este mundo uno mejor.

No acostumbro a escribir este tipo de homenajes, no es esa mi esencia, lo hago solo cuando me nace del corazón, cuando mi alma montuna me lo pide. Cuando mi esencia de niña caprichosa va por ahí saltando en las laderas y acaricia las nubes cuando bajan en los días nublados y se llena de melancolía. Porque no me quiero llevar estas palabras a la tumba, por pena de lanzarlas al viento. Porque sigo aprendiendo de sus textos que son para mí tomos y tomos de estudio ilimitado. Porque me nutren, me llenan, me abrazan. Porque dan alegría a mi corazón. Porque me hacen sentir acompañada en esta soledad silenciosa.

Vuelen estas letras de escritora y columnista de arrabal, desde esta alcantarilla y atraviesen fronteras y lleguen a la ventana de la excelentísima maestra de ojos claros y acento de Santiago, del Sur de mis amores, que la vida puso en mi camino. Bien sabía lo necesitada que estaba yo de una luz de candil.

Con esta querencia de agradecimiento infinito para Nía Carolina Vásquez Araya, mi luz de candil. Gracias por ser canto de chicharra y darle alegría a mi corazón.

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado
Septiembre de 2015.
Estados Unidos.
Fuente:Crónicas de una inquilina.

Desfile del Orgullo Gay, Chicago 2015.

Comparto el enlace de las fotografías que tomé en el Desfile del Orgullo Gay, Chicago. Junio 2015.

 

Post Frontera, el libro vuelto la parcela de mis amores.

“El migrante es un muerto que camina sin nombre y sin entierro.” -Sacerdote Pedro Pantoja.

 

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Me asomo por la ventana de mi habitación y observo la escarcha de la época del frío yaciente sobre la grama y las hojas de los arces que están al otro lado de la calle. Es otoño, el mismo que me recibió cuando emigré y me convertí en inquilina a cientos de miles de kilómetros de mi natal Comapa y de la periferia que me vio crecer, allende de mi Guatemala.

Me hechizó el gris plomizo de sus cielos bajos y la niebla espesa que sosiega el paso de las hojas secas que arrastra el viento hasta el confín. El limbo de sentirme extranjera y al principio sin nido y sin parcela donde sembrar mi desarraigo, para que se convierta con las lluvias de la primavera en enredaderas de frijol camagua y flores de las diez. Para que amarille en flores de chipilín y chacté. Para que rojee en tonalidad de tejas, adobe oreado, flores de pito y jocote de febrero.

Para que tenga el verde botella de las montañas que abrigaron mi infancia y el calor del rescoldo del polletón de la cocina de mi abuela. Para convertirlo en aldea y arada, entre barrancos y cáscaras de encino. Para que el olvido no pueda arrancar la lindeza de la tierra donde mis pies de niña saltaron charcos y mis brazos comenzaron la transmutación para convertirse en alas de golondrina migratoria.

De eso trata Post Frontera, de lo que se siente, se vive, se sueña, se olvida cuando se emigra. De la nostalgia, el presente indocumentado, de la enorme frustración, de sentirse fracasado, de tratar incansablemente de rescatar de la diáspora, la amargura y de la nieve del tiempo lo esencial de la memoria para que la lejanía no calcine la raíz, para que la realidad no duela tanto.

Post Frontera es la ensoñación del ayer y hoy en la vida de una emigrante indocumentada cualquiera. Es mi obra maestra escrita con la entraña, la honestidad, el desazón, el estigma de la oscuridad y la ilusión de la luz en la vida de una niña de periferia, una mujer extraviada entre la multitud del éxodo que como herida incurable viven millones alrededor del mundo.

No lo pensé, ni siquiera fue un libro planificado. Post Frontera se gestó como seguimiento a la primera serie publicada en mi bitácora Crónicas de una Inquilina y otros medios independientes que tuvieron el aplomo de difundir y brindarme el espacio de expresión, se llama: Travesía desierto Sonora-Arizona. Que también se convirtió en libro: Historia de una Indocumentada travesía en el desierto de Sonora-Arizona.

Finalizada esta serie sentí la necesidad de continuar escarbando en mi vena, mi caos y mi experiencia migrante y contarle al mundo lo que en mi desastre fue la Post Frontera, que dividí en dos partes: país de llegada y país de residencia. En el camino me encontré con que mi experiencia personal también es colectiva porque pocos han quedado exentos de la nostalgia, el desconcierto, la desilusión y el agobio de luchar todos los días en las sombras de la indocumentación, el racismo y la discriminación. Post Frontera es la serie que viajó prácticamente por los cinco continentes sin que yo pudiera hacer nada más que ver mis letras -que son mi sangre hirviente- tocar corazones de personas que nunca conoceré y que se sintieron identificadas e interpretadas por mi experiencia personal.

La escribí prácticamente a diario, a las cuatro de la mañana ya estaba sentada frente al computador escribiendo y antes de irme a trabajar publicaba un capítulo, hasta llegar al 47 que es el último. Tenía tres horas cada mañana para dedicárselas a la serie que se convirtió durante esos tres meses, en mi desayuno, almuerzo y cena, porque hasta se me olvidó comer mientras nacían a bortones las palabras que sin yo saberlo ser convertirían en un libro.

Qué sucede después de la frontera, cómo se secan las heridas que han quedado vivas, qué se hace con el estigma, la depresión, la desesperanza y el constante abrumador de sentirse a la deriva. Qué se hace con el rechazo hacia el país de llegada, por qué no retornar al propio, por qué las lágrimas no son suficientes, por qué los vicios y las adicciones que nacen en quienes emigran, por qué las remesas se convierten en el único canal de comunicación estable en quienes se quedaron y los que se fueron. Por qué las remesas reemplazan lo esencial. Porque al amor que lo es todo se le falta el respeto.

En qué momento se realiza el salto entre el país de llegada y el de residencia. Porque es una decisión que se toma, no es circunstancial, se decide enfrentar la realidad cueste lo que cueste. Eso sucedió conmigo y el abismo que decidí saltar fue el del idioma inglés, fue el final del país de llegada y se convirtió en el inicio del país de residencia. Decidí saltar la última frontera.

Es una publicación de autor, la realicé en Amazon.com, ¿por qué? Y aquí entra una realidad que no necesita de drama ni de victimización porque de por sí es implacable y es necesario hablar de esto como denuncia a lo que nos sucede a los migrantes indocumentados en cualquier proyecto que deseamos emprender, todas las puertas nos las cierran en las narices por nuestra condición de parias. ¿Cómo y por qué confiar en el manuscrito de una indocumentada? ¿Para qué publicar el manuscrito de una emigrada que ni educación superior tiene? No pertenece al medio, no es escritora, no tiene conocimientos en lengua y literatura. ¿Qué ganancia obtendría una editorial publicando a una limpiadora de casas y mil oficios en Estados Unidos? ¿Por qué una editorial guatemalteca habría de publicar a una de las que se fue? ¿A una proletaria? Más bien se ganarían un desprestigio, caer tan bajo como para publicar manuscritos de una limpia baños.

Aprendí a leer y a escribir y eso significa todo en mi vida. Y digo y repito que limpio baños porque eso es lo que me da de comer y con eso pago el alquiler del apartamento en donde vivo, y porque no se puede ni se debe denigrar a ninguna persona por el trabajo que realiza, limpiar baños es un trabajo digno como cualquier otro, y pongo el pecho por todas las niñas, adolescentes y mujeres que se ganan la vida limpiando baños.

Por eso lo recalco y por eso insisto en lo que soy, porque soy pueblo, soy migración indocumentada, soy el caos de la imposibilidad, y soy remesas, adicciones, y cuestionamientos y soy por supuesto la Post Frontera indocumentada.

En este libro yo retorno a mi infancia y escarbo en lo que duele y en lo que ya se curó, en los vacíos existenciales y en el vaivén de la migración. Digo que este libro es mi obra maestra porque ahí resumo mi vida entera con todos sus demonios y sus fantasmas y también en el país de residencia logro vencer mi victimización y me arranco la piel a tirones y me encuentro con la carne viva, y lamo la sangre como felina herida y veo en el reflejo del espejo lo que verdaderamente soy y lo acepto con entereza de quererme y respetarme caos. Vorágine y sosiego, en instantes serena y en otros trastorno. Es mi esencia y la hago soberana. Libre de mí y de las ataduras emocionales.

Eso es la Post Frontera en mi carne, en mi vena, en mi desarraigo y en mi decisión de disfrutar con la pasión que soy, la intensidad de cada momento sea de luz o de oscuridad.

Post Frontera es mi aporte a la colectividad de la migración indocumentada, es mi voz en el silencio de millones, es el murmuro entre el bullicio del desencanto y es mi logro entre el estigma de ser paria, invisible y discriminada. Es la parcela de mis amores, donde en el país de residencia, anidan mis raíces campesinas y florecen las buganvilias, los claveles rojos y el fulgor de una luciérnaga atemporal hace florecer los gladiolos en invierno. El libro está disponible en versión papel y electrónica, en Amazon.com,Barnes & Noble y en Creatspace.com

Soy Ilka Ibonette Oliva Corado, nací en Comapa, Jutiapa, Guatemala, crecí en Ciudad Peronia y soy Post Frontera. Una inmigrante indocumentada con maestría en discriminación y racismo.

Ilka Oliva Corado.

Octubre 19 de 2014.

Estados Unidos.